LA VIDA DE SAN FRANCISCO DE SALES

 

Los años convulsionados en Francia, después de la Reforma Protestante, formaron el

fondo de la vida de Francisco de Sales. Nació el 21 de agosto de 1567 de una familia

noble, en el reino de Saboya, situado entre Francia, Italia y Suiza.-- Estudió en el

Colegio de Clermont de los Jesuitas, en París, y en la Universidad de Padua, donde se

doctoró en Derecho Canónico y Civil.

 

Siendo estudiante en París, tuvo que atravesar la tempestad de una severa crisis

espiritual, al sufrir la tentación de desesperación respecto a la predestinación.

 

Para su papá, fue una gran decepción que Francisco no aceptara una carrera espléndida

en el mundo, sino que prefiriera el sacerdocio. Después de la ordenación, su  obispo lo

envió como joven misionero a Chablais, región de Saboya, por cuatro años. Allá adquirió

una gran fama por sus folletos en defensa de la fe pero también apenas escapó de un

atentado contra su vida. Sus escritos de esa época fueron publicados con el título de

Controversias y la Defensa del Estandarte de la Santa Cruz. Al finalizar su

apostolado de misionero, había persuadido aproximadamente a 72.000 Calvinistas para

que volvieran a la Iglesia Católica.

 

Fue consagrado obispo de Ginebra en 1602, pero residía en Annecy (ahora ubicada en

Francia), ya que Ginebra estaba bajo el dominio de los Calvinistas y, por lo tanto,

cerrada para él. Su diócesis se volvió muy conocida en Europa a causa de su eficiente

organización, de su celoso clero y de sus laicos bien esclarecidos -- realización

monumental en aquella época. Su fama como director espiritual y escritor aumentaba.

Lo convencieron  para que reuniese, organizase y difundiese sus muchas cartas sobre

asuntos espirituales y las publicase. Es lo que hizo en 1609,  con el título de

Introducción a la  Vida Devota. Esta se volvió su obra más famosa y, todavía

hoy, se considera una obra clásica que se encuentra en las librerías del mundo entero.

Pero su proyecto esencial fue escribir El Tratado del Amor de Dios, fruto de años

de oración y de trabajo. Éste también continúa siendo publicado en la actualidad.

Quería escribir además una obra paralela al Tratado, o sea, sobre el Amor al Prójimo,

pero su muerte el 28 de diciembre de 1622, a los 55 años de edad, frustró este

proyecto. Además de las obras arriba mencionadas, sus cartas, predicaciones y

coloquios ocupan cerca de 30 volúmenes. El valor permanente y la popularidad de sus

escritos llevó a la Iglesia a concederle el título de Patrono de Escritores y

Periodistas Católicos.

 

Francisco aceptó en su casa a un joven con dificuldad de audición y creó un lenguage de

símbolos para posibilitar la comunicación. Esa obra de caridad condujo a la Iglesia a

darle otro título, o sea, el de Patrono de los de Difícil Audición.

 

Junto a  Santa Francisca de Chantal  fundó la Orden religiosa de las Hijas de la

Visitación de Santa María, conocidas por la simplicidad de su regla y tradiciones y por

su apertura especial a las viudas.  Fue a través de la perseverante insistencia de una

de estas hermanas, unos 250 años más tarde, la Madre María de Sales Chappuis, que un

sacerdote de Troyes, en Francia, Luis Brisson, fundó a los Oblatos de San Francisco de

Sales, una comunidad de sacerdotes y hermanos, dedicados a  la vivencia  y

divulgación del espíritu y de las enseñanzas de San Francisco de Sales. Padre Brisson

fundó también una comunidad de Hermanas con el mismo nombre, las Oblatas de San

Francisco de Sales.

 

 

El espíritu y la fama de Francisco y la influencia de sus escritos se extendieron

rápidamente después de su muerte. En 1665 la Iglesia lo declaró santo y le dio el título

excepcional de Doctor de la Iglesia en 1867 - un título otorgado sólo a unos 30 santos

en la historia ---que son famosos por sus escritos. Se celebra su fiesta el día 24 de

enero.

 

A diferencia de muchos santos C cuyas vidas, repletas de acontecimientos maravillosos,

parecen estar fuera del alcance de cristianos comunes C la vida de Francisco de Sales

no presenta nada de extraordinario. Sus ideales de moderación y caridad, de

gentileza y humildad, de alegría y entrega a la voluntad de Dios son expresados con

una sensatez que anima a los débiles y alimenta a los fuertes, ocasionándole la

reputación de "el Santo Caballero".

 

Para conmemorar el cuarto centenario de su nacimiento, el Papa Paulo VI escribió una

Carta Apostólica, en 1967, en la cual destacó la conveniente actualidad de Francisco de

Sales para nuestra época moderna. Él escribe: ANinguno de los Doctores de la

Iglesia, más que San Francisco de Sales preparó las deliberaciones y

decisiones del Concílio Vaticano II  con una visión tan perspicaz y

progresista. Él ofrece su contribución por el ejemplo de su vida, por la

riqueza de su verdadera y sólida doctrina, por el hecho que él abrió y

reforzó las sendas de la perfección cristiana para todos los estados y

condiciones de vida. Proponemos que esas tres cosas sean imitadas,

acogidas y seguidas.@

 

Si quiere obtener más información sobre San Francisco de Sales, entre en contacto con

Padre Fernando Guayasamín, O.S.F.S., Orientador Vocacional de los Oblatos de San

Francisco de Sales,

 


EL ESPÍRITU DE SAN FRANCISCO DE SALES

 

(extraído de sus escritos)

 

No esperes con miedo las alteraciones y más alteraciones de esta vida; más bien

enfréntalas con la firme esperanza de que, cuando surjan, Dios, cuya criatura eres tú,

te librará de ellas.

 

Sólo confía en Él y Él continuará conduciéndote seguramente a través de todo. Donde no

puedas caminar, El te cargará en los brazos.

 

No te preocupes por lo que pueda ocurrir mañana; el mismo Padre eterno que cuida de

ti hoy, se encargará de ti mañana y todos los días. Te protegerá del sufrimiento, o te

dará la fuerza infalible para suportarlo.

 

Quédate, pues, en paz, y aleja todos los pensamientos de angustia.

 

Anímate y transforma los problemas en materia para tu progreso y madurez.

 

Piensa muchas veces en Nuestro Señor, pues Él te ayudará a soportar tus problemas.

Sólo acordándote de que tienes tal amigo, todos ellos serán  incapaces de conmoverte,

 

Hazlo todo con calma y en paz. Realiza cuánto puedas, hazlo tan bien como seas capaz.

 

Procura ver a Dios en todas las cosas sin excepción, y disponte a  hacer su  voluntad

con alegría. Hazlo todo para Dios, uniéndote con Él por palabras y obras.

 

Camina muy simplemente con la Cruz del Señor y ten paz contigo mismo. Pasarás por

toda tormenta con seguridad, mientras tu confianza se fije en Dios.

 

No pierdas tu paz interior por nada, aún si todo tu mundo parece venirse abajo. Si te

das cuenta que te alejaste de la protección de Dios, conduce tu corazón de vuelta a Él

tranquila y simplemente.

 

Haz todas las cosas en nombre de Dios y lo harás todo bien. Ya comas o bebas, trabajes

o descanses, ganarás mucho a los ojos de Dios, al hacer todas esas cosas como Él

quiere que sean hechas.

 

Acontezca  lo que sea, no te desanimes; asegúrate firmemente en Dios, mantente en

paz, con confianza en su amor eterno por ti.

 


 

Una Santidad Práctica

 

La Espiritualidad Salesiana para Hoy

 

Una introducción general a la Espiritualidad Salesiana

 

"Donde quiera que estemos, podemos y tenemos que aspirar a una vida

perfecta." Así escribió Francisco de Sales (1567-1622), obispo y doctor de la Iglesia,

hace casi 400 años en su clásica obra espiritual: La Introducción  a la Vida Devota.

Escribiendo primeramente para los laicos, Francisco enfatizó que Dios llama a todos a

la santidad. La santidad es posible y, porque Dios la quiere, seguramente ayudará a los

que procuran llevar una vida santa.

 

Junto con su amiga espiritual, Santa Juana de Chantal (1572-1641), Francisco mostró

cómo las personas en todos los estados de vida pueden crecer en santidad. Sus ideas

llegaron a ser conocidas como la ESPIRITUALIDAD SALESIANA. Como otras escuelas de

espiritualidad cristiana, la espiritualidad salesiana ayuda a los creyentes a desarrollar

una relación más profunda con Dios por medio de Jesucristo. Sus características

distintas surgen de los elementos particulares que ella enfatiza. Esa obra - no siendo

de forma alguna la única que trata de la Espiritualidad Salesiana - destaca esos

elementos principales. Esperamos que esta síntesis de la Espiritualidad Salesiana anime

a los lectores a explorar su riqueza para sí.

 

Creados a imagen de Dios

 

Creados a imagen y semejanza de Dios, todos somos llamados a la misma finalidad: la

unión con Dios. Reconociendo eso, tratamos a cada persona con respeto, hasta con

reverencia. En medio de una sociedad violenta - revólveres y cuadrillas en las calles,

abusos de mujeres y niños en los hogares, los pensamientos y palabras rabiosas que

nos nacen en el corazón - la Espiritualidad Salesiana nos invita a la amabilidad.

 

Somos amables, primeramente hacia nosotros mismos. Francisco nos aconseja no

alarmarnos  y desanimarnos por nuestras caídas, sino, por el contrario, a levantarnos

después de ellas. El aconseja: "sé paciente con todo el mundo, sobre todo

contigo mismo." La amabilidad hacia nosotros mismos conduce a la amabilidad hacia

los demás. Aprendemos a abandonar actitudes de juez y volvernos más

misericordiosos. El deseo de venganza o represalia - el origen de tanta violencia en el

mundo - cede espacio al perdón. Nos volvemos hacedores de paz en el hogar y en la

sociedad.

 

La Espiritualidad Salesiana reconoce que cada persona es única e irrepetible. Ya que

cada uno tiene un carácter diferente y dones diversos, la santidad será diferente

para cada uno de nosotros. ¿Cómo, entonces, me vuelvo santo? De manera muy

simple, dice Francisco de Sales, al cumplir la voluntad de Dios. Él exhorta: "No desees

ser sino lo que tú eres e intenta serlo a la perfección." Reconociendo que la

voluntad de Dios es encontrada en nuestra vocación o estado de vida, la Espiritualidad

Salesiana enfatiza la importancia del cumplimiento de los deberes comunes de nuestra

vocación - un verdadero reto para los hombres y mujeres de hoy. Agobiados por las

exigencias de la familia y de los negocios, acosados por problemas económicos,

preocupados con el porvenir, podríamos sólo desear salir corriendo - imaginariamente,

o de hecho. Tal vez pudiéramos encontrar a Dios en circunstancias menos

desasosegadas!! Francisco, sin embargo, nos recuerda que Dios está cerca de nosotros

en las ocupaciones de nuestra vocación. "No es la tranquilidad que trae a Dios

cerca de nuestro corazón; más bien es la fidelidad de nuestro amor," dice

él.

 

El cumplimiento de la voluntad de Dios reclama discernimiento continuo en espíritu de

oración. En el pensamiento salesiano, el discernimiento implica un cierto equilibrio. Por

un lado, necesitamos una determinada apertura o flexibilidad para responder cuando el

Espíritu Santo nos llama a modos nuevos de pensar y actuar. Por otro lado, la

perseverancia en la vocación de uno es esencial para el crecimiento espiritual.

Francisco recuerda: "Así como un arbusto que es transplantado

frecuentemente no puede echar raíces, y, consecuentemente no puede llegar

a la madurez y producir el fruto deseado, así el alma que transplanta su

corazón de un plan a otro plan no puede desarrollarse o crecer en

perfección, ya que la perfección no consiste en comienzos sino en

cumplimientos."

 

Todo por Amor

 

¡La Espiritualidad Salesiana nos desafía a volvernos santos! La Espiritualidad Salesiana

es descrita muchas veces como una "espiritualidad del corazón", el corazón divino

y el humano ocupados en amor apasionado de una a otro . Solo el amor motiva y

sostiene nuestra búsqueda de santidad. "Todo por amor, nada a la fuerza," nos

insta Francisco.

 

Pero el amor es un emprendimiento duro. Requiere sacrificio y desprendimiento. En una

época que super-enfatiza la realización personal y auto-cumplimiento, la Espiritualidad

Salesiana indica un rumbo distinto. Nos llama a la disciplina interior, a una práctica

consistente de las "pequeñas virtudes": paciencia con padres ancianos o jóvenes

rebeldes, amabilidad y humildad con los amigos y colaboradores, y sencillez en nuestro

modo de vivir. En el silencio de nuestro corazón, aprendemos a entregarlo todo a Dios, a

morir a nosotros mismos, a vivir totalmente para Jesús. La idea salesiana reconoce que

el progreso espiritual aumenta lentamente y, frecuentemente, a costo de mucho. No

obstante, también reconoce que, al volver nuestro corazón a Dios, al cumplir su

voluntad, encontramos nuestra mayor felicidad y realización.

 

 El momento presente

 

Sólo disponemos del momento presente, el aquí y ahora, en lo que hemos de responder

a Dios. Pero concentrarse en lo presente puede ser difícil. Podemos lamentar acciones

del pasado, o atormentarnos sobre el futuro incierto. Hasta recuerdos positivos o

sueños sobre tiempos felices venideros pueden distraernos de las oportunidades en lo

presente. ¿Cómo Dios se me manifiesta en este instante? ¿Cómo puedo responder con

una palabra o acción de amor? Si estamos indebidamente preocupados sea con el

pasado, sea con el porvenir, tal vez nos escape cómo Dios nos está invitando a estar

con Él, ahora mismo. En vez de esto, la Espiritualidad Salesiana  nos invita a confiar en

la Providencia de Dios. O Dios nos protegerá de mala suerte, o nos dará la fuerza para

sobrellevarla. Con confianza podemos "depositar nuestras preocupaciones en Dios,

pues Él toma a su cuidado todo lo que abandonamos en sus manos".

 

Crecimiento Espiritual por Medio de Relaciones

 

La Espiritualidad Salesiana tiene mucho que ver con relaciones personales; ella es

consciente de que el progreso espiritual surge en y por medio de relaciones. Dentro de

la familia, por ejemplo, somos desafiados a crecer diariamente en las pequeñas

virtudes. Al desempeñar tareas comunes - de limpiar, de cocinar, de ayudar en los

deberes, planear un cumpleaños - con amor extraordinario, encontramos a Dios. Nos

volvemos realmente como Jesús, si seguimos su ejemplo de servicio generoso.

 

La espiritualidad personal aumenta en la comunidad cristiana. Cuando nos encontramos

para escuchar la Palabra de Dios y celebrar su presencia, somos estimulados por la fe y

la entrega de los otros. Nos desafían a brindar nuestros dones a la comunidad y a ir

más allá delas preocupaciones personales en pro del bien común.

 

Dentro de la comunidad pueden desarrollarse ciertas amistades espirituales. La

Espiritualidad Salesiana aprecia tales amistades como un don de Dios. Enamorados ya

con Dios, los amigos crecen en amor mutuo y expresan este amor en servicio generoso,

y muchas veces creativo, a la comunidad - de hecho, al mundo. En su amistad duradera,

San Francisco de Sales y Santa Juana nos dieron un modelo de verdadero amor fecundo

que afectó la vida de innumerables personas. Los amigos espirituales nos retan y

sostienen; evocan lo que hay de mejor en nosotros; nos muestran el rostro de Dios.

 

Optimismo Salesiano

 

Cuando el miedo y la duda nos agobian, la Espiritualidad Salesiana nos indica señales de

esperanza - sí, hasta de alegría. Sin duda, el pecado y sus efectos terribles entraron en

el mundo. Pero el pecado no tiene la palabra final. Dios dijo la palabra final en Jesús.

Jesús nos ofrece la gracia para realizar nuestras potencialidades humanas; para

volvernos amantes de Dios y del prójimo; para crecer en perfección; y volvernos

santos! Por su confianza en la Providencia de Dios y sabiendo que Dios lo dirige todo

hacia el bien, la Espiritualidad Salesiana irradia optimismo. Sea en medio de grandes

pruebas, sea en grandes alegrías, nuestro corazón puede estar en paz, seguros en la

certidumbre de que "el mismo Dios que toma cuidado de nosotros hoy,

cuidará de nosotros mañana y siempre."


 CÓMO EMPEZÓ TODO...

 LOS OBLATOS DE SAN FRANCISCO DE SALES

 Ella tenía 50 años; él, 26. Ella era una religiosa de clausura. Él, sacerdote diocesano. Ella ya tenía

celebrado su  Jubileo de Plata. Él fue ordenado hacía sólo 3 años. Ella era la Madre María de Sales

Chappuis de la Orden de la Visitación de Santa María. Él, Padre Luis Brisson, un sacerdote de la Diócesis de Troyes, en Francia.

 Sería interesante conocer  los pensamientos que cruzaban la mente de ellos aquella mañana del

día 11 de octubre de 1846, cuando Padre Brisson se presentó a la Madre María de Sales, la

Superiora del monasterio de la Visitación en Troyes. Él era el capellán, recientemente nombrado

para las monjas y las niñas del pequeño pensionato, ligado al monasterio.Lamentablemente,

ninguno de los dos parece haberse tomado el tiempo para registrar sus pensamientos de aquel

día. Mientras tanto, no hay duda de que, a partir de aquel momento, durante los 32 años

siguientes hasta la muerte de ella a los 82 años, la vida de los dos iba a estar muy relacionada.

 Si se tuviera que describir la relación de los dos en pocas palabras C por lo menos en el comienzo

C se podría decir que era una relación de persistencia versus resistencia. Ella persistiendo, él

resistiendo. No es que no la estimara muchísimo, una mujer de fe profundísima, una santa

viviente. El problema era que ella tenía un sueño, una inspiración que cambiaría radicalmente la

vida de él, y él no estaba dispuesto a cambiarla. El sueño de ella podría ser trazado hacia atrás

casi 200 años hasta encontrar --  otro sacerdote y -- otra monja. El sacerdote era el Obispo San

Francisco de Sales. La religiosa era Santa Juana Francisca de Chantal. Los dos fueron los

fundadores de la Orden de la Visitación de la que la Madre María de Sales era  miembro. Aquellos

también compartían un sueño, el de fundar un grupo de sacerdotes y hermanos. Después de la

muerte de él en 1622, Santa Juana resolvió empezar un grupo así, una congregación masculina que

llevaría adelante el trabajo de San Francisco de Sales. Trabajaba mucho para ejecutar esa visión

de un grupo de hombres que, por encima de todo, serían formados en las enseñanzas de San

Francisco de Sales. Los sueños de Santa Juana no habían de realizarse; quedó reservado para --

otros dos: el Padre Brisson y la Madre María de Sales.

 

Hay --  cantidad de pequeñas informaciones, una serie de diversos elementos que podrían ser

recordados respecto a los años iniciales de los Oblatos, algunos muy capaces de entusiasmar,

otros de constreñir. Es interesante mirar los primeros 5 miembros que se asociaron al Padre

Brisson, componiendo la primera comunidad de los Oblatos: un teólogo que daba grandes

esperanzas   y  un predicador encendido, un ermitaño retirado, y  un hombre enfermizo,

ofrecido al Padre Brisson por el Obispo de Troyes, para que tuviera Aun sitio para morir@ y,

finalmente, un joven enérgico, pronto para conquistar el mundo. Exteriormente tenían muy poco

en común. Interiormente, lo tenían todo en común: el sueño, la inspiración, la visión de ellos. Y<